OH MY GOD! es una exclamación cotidiana, un reflejo automático ante el asombro, el exceso o la saturación. En esta obra, esa expresión se convierte en acrónimo y en detonante crítico: un grito que revela hasta qué punto hemos normalizado la acumulación, el consumo desmedido y la violencia simbólica que ejercemos sobre los cuerpos, propios y ajenos. Lo que parece banal es, en realidad, profundamente político.
Vivimos en una cultura que celebra el exceso mientras lo condena moralmente. Se nos invita a consumir sin límite, a desear sin pausa, a habitar el placer como obligación, y al mismo tiempo se nos impone la culpa, el castigo y la vergüenza. El cuerpo queda atrapado en esta contradicción: es objeto de deseo, de explotación y de sacrificio. Un cuerpo que soporta, que acumula, que resiste, mientras es rodeado de restos, residuos y promesas vacías.
La obra plantea un diálogo entre lo sagrado y lo profano en la sociedad contemporánea. La iconografía del sacrificio persiste, pero ha cambiado de altar. Ya no se ofrece la carne a un dios trascendente, sino a un sistema que devora, desecha y vuelve a exigir. El exceso se convierte en ritual; la culpa, en liturgia; el consumo, en una nueva forma de fe. Nos preguntamos qué significa hoy la redención, si es que aún existe, y a qué precio se sostiene.
OH MY GOD! no busca provocar una respuesta cerrada ni ofrecer consuelo. Es una confrontación directa con aquello que preferimos no mirar: los restos que dejamos atrás, los cuerpos que soportan el peso del deseo colectivo, la normalización de la saturación como modo de vida. La obra no pide perdón ni promete salvación. Se mantiene en la incomodidad, en la pregunta abierta, en la necesidad urgente de repensar qué veneramos y a quién estamos dispuestos a sacrificar.
ENOH MY GOD! is a common exclamation, an automatic reaction to excess, astonishment, or saturation. In this work, the expression becomes an acronym and a critical trigger: a scream that exposes how deeply accumulation, overconsumption, and symbolic violence toward bodies—our own and others’—have been normalized. What appears banal is, in fact, profoundly political.
We live in a culture that celebrates excess while simultaneously condemning it morally. We are encouraged to consume without limits, to desire without pause, to inhabit pleasure as an obligation, while guilt, punishment, and shame are constantly imposed. The body becomes trapped within this contradiction: an object of desire, exploitation, and sacrifice. A body that endures, accumulates, and resists, surrounded by remains, waste, and empty promises.
The work opens a dialogue between the sacred and the profane in contemporary society. The iconography of sacrifice persists, but the altar has changed. Flesh is no longer offered to a transcendent god, but to a system that devours, discards, and demands again. Excess becomes ritual; guilt becomes liturgy; consumption becomes a new form of faith. The work questions what redemption means today, if it still exists at all, and at what cost it is sustained.
OH MY GOD! does not seek to provide answers or comfort. It confronts what we prefer not to see: the remains we leave behind, the bodies that carry the weight of collective desire, the normalization of saturation as a way of life. The work neither asks for forgiveness nor promises salvation. It stays within discomfort, within the open question, within the urgent need to rethink what we worship and whom we are willing to sacrifice.
Technical data
PHOTO PERFORMANCE
Concept and performance: Miguel Andrés
Photographer: Didac Alcoba
Year: 2015
Photography 100×70 cm
Exhibitions
Institut d’Estudis Ilerdencs (Solo exhibition), photo performance, Jul. 2015
