OH MY GOD! es una exclamación cotidiana, un reflejo automático ante el asombro, el exceso o la saturación. En esta obra, esa expresión se convierte en acrónimo y en detonante crítico: un grito que revela hasta qué punto hemos normalizado la acumulación, el consumo desmedido y la violencia simbólica que ejercemos sobre los cuerpos, propios y ajenos. Lo que parece banal es, en realidad, profundamente político.
Vivimos en una cultura que celebra el exceso mientras lo condena moralmente. Se nos invita a consumir sin límite, a desear sin pausa, a habitar el placer como obligación, y al mismo tiempo se nos impone la culpa, el castigo y la vergüenza. El cuerpo queda atrapado en esta contradicción: es objeto de deseo, de explotación y de sacrificio. Un cuerpo que soporta, que acumula, que resiste, mientras es rodeado de restos, residuos y promesas vacías.
La obra plantea un diálogo entre lo sagrado y lo profano en la sociedad contemporánea. La iconografía del sacrificio persiste, pero ha cambiado de altar. Ya no se ofrece la carne a un dios trascendente, sino a un sistema que devora, desecha y vuelve a exigir. El exceso se convierte en ritual; la culpa, en liturgia; el consumo, en una nueva forma de fe. Nos preguntamos qué significa hoy la redención, si es que aún existe, y a qué precio se sostiene.
OH MY GOD! no busca provocar una respuesta cerrada ni ofrecer consuelo. Es una confrontación directa con aquello que preferimos no mirar: los restos que dejamos atrás, los cuerpos que soportan el peso del deseo colectivo, la normalización de la saturación como modo de vida. La obra no pide perdón ni promete salvación. Se mantiene en la incomodidad, en la pregunta abierta, en la necesidad urgente de repensar qué veneramos y a quién estamos dispuestos a sacrificar.
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Photo Performance, 2015 · 100 × 70 cm
Presentada en “Institut d’Estudis Ilerdencs” (Exposición individual) — España · Julio 2015
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Para coleccionistas / For collectors:
Poster (Limited Edition)
