Aquí me estampo yo mismo hostias consagradas contra la cara: hostias que, literalmente, me dan una hostia. El gesto es absurdo, violento y cargado de símbolos. Un cuerpo que se golpea con aquello que históricamente ha servido para imponer culpa, norma y obediencia.
Resulta difícil de entender que, en un Estado que se define como aconfesional, una persona pueda ser enjuiciada por ofender sentimientos religiosos. Y, sin embargo, sucede. Ocurre aquí, en la España europea, donde la libertad de expresión se detiene cuando roza lo sagrado. Esta acción señala esa contradicción: la persistencia del poder religioso sobre los cuerpos, el discurso y la disidencia. Es una violencia heredada, normalizada. Y sí, es la hostia.
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Video Performance, 2018 · 5:23
Presentada en «L’Estruch», Sabadell, España; «Flux Club 2019», Barcelona, España · Diciembre 2018 a Marzo 2019
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Para coleccionistas / For collectors:
DVD
